- El Concejo exige acelerar acciones frente al cambio climático y el crecimiento urbano
- Más de $663.000 millones en juego para proteger el río Medellín y sus quebradas
La plenaria del Concejo de Medellín abrió un debate de fondo en torno a cómo está enfrentando la ciudad los nuevos riesgos que trae el agua en un territorio cada vez más urbanizado. El control político se centró en revisar el avance del Acuerdo 050 de 2025, una hoja de ruta ambiciosa para fortalecer la gestión del riesgo, recuperar ecosistemas y proteger las fuentes hídricas en medio de un contexto climático cada vez más exigente.
Sobre la mesa no solo estuvieron cifras e inversiones. También una preocupación compartida: Medellín ya no es la misma de hace diez años, y sus quebradas, muchas veces invisibles en la cotidianidad, hoy están en el corazón de los desafíos urbanos.
Santiago Narváez, primera bancada citante, puso el debate en una dimensión estructural: no se trata solo de atender emergencias, sino de entender cómo la ciudad está ocupando su territorio. En su lectura, Medellín ha transformado sus dinámicas hídricas a partir del crecimiento urbano y la impermeabilización del suelo, alterando el comportamiento natural de las cuencas. Su llamado fue claro: la gestión del riesgo no puede seguir siendo reactiva sino que debe apoyarse en evidencia científica, planificación rigurosa y prevención sostenida.
Aterrizó esa preocupación con cifras contundentes indicando que la ciudad pasó de ocupar cerca de 307 hectáreas hace una década a más de 1.358 en la actualidad, un crecimiento superior al 555 %. A esto se suman más de 2.600 emergencias registradas y múltiples incidentes asociados a lluvias, como caídas de árboles y afectaciones urbanas.
Subrayó además que la estrategia contempla inversiones superiores a $663.383 millones, dirigidas a intervenir el río, más de 90 quebradas, fortalecer la conservación de cuencas y establecer sistemas de monitoreo permanente. En su visión, el objetivo de fondo es dejar atrás la improvisación histórica en la gestión del riesgo.
A su turno, Luis Guillermo Vélez, segunda bancada, abordó el debate desde una perspectiva de largo plazo. Recordó que el espíritu del Acuerdo 050 fue construir una política pública que no dependa de los ciclos políticos, sino que consolide un compromiso sostenido de ciudad con el cuidado del agua. Reconoció que las obras en curso muestran avances, pero insistió en que el verdadero desafío va más allá de la infraestructura: lograr que el río Medellín y sus quebradas vuelvan a ser parte de la vida cotidiana.
Su planteamiento introdujo un elemento cultural clave, pues así como Medellín construyó una relación simbólica con el Metro, es necesario generar una apropiación ciudadana del agua. Que las personas no solo vean el río como un canal, sino como un espacio ambiental, recreativo y de encuentro porque sin esa transformación cultural, cualquier inversión corre el riesgo de quedarse corta frente a la magnitud del desafío.
Otros corporados coincidieron en reconocer avances, especialmente en materia de obras hidráulicas y articulación institucional, pero no dejaron de señalar alertas importantes. Una de las principales preocupaciones fue la ocupación irregular de los retiros de quebradas y el aumento de construcciones en zonas de riesgo, factores que siguen incrementando la vulnerabilidad frente a inundaciones y movimientos en masa. En ese sentido, insistieron en la necesidad de fortalecer el control territorial.
También plantearon un punto crítico porque las obras deben demostrar que realmente están reduciendo el riesgo, no solo respondiendo a emergencias. El éxito del Acuerdo 050, advirtieron, dependerá del seguimiento riguroso a indicadores, la continuidad de los recursos y una coordinación efectiva entre las entidades.
Además señalaron la necesidad de mejorar la articulación entre dependencias del Distrito y autoridades ambientales, con el fin de avanzar hacia una gobernanza integral del agua que permita intervenir de manera simultánea el río, las quebradas y las cuencas.
Desde la Administración, Marcela Ruiz Saldarriaga, secretaria de Medio Ambiente, explicó que la estrategia, Mi Río, Mis Quebradas, es uno de los ejes ambientales del Plan de Desarrollo. Su propósito es claro: recuperar cauces, restituir recorridos naturales, generar espacio público y reducir riesgos, todo bajo una lógica de adaptación al cambio climático. Destacó además el papel del programa de Guardaquebradas, integrado por habitantes de las zonas intervenidas, como una forma de fortalecer el cuidado comunitario de las fuentes hídricas.
En términos de inversión, precisó que el programa moviliza más de $663.000 millones junto al Área Metropolitana, con metas concretas: intervenir 350 puntos críticos en 91 quebradas, ejecutar 21 nuevas obras hidráulicas, crear 40.000 metros cuadrados de espacio público y generar cerca de 1.700 empleos antes de 2027. También señaló avances en restauración ambiental, pagos por servicios ambientales, corredores verdes y actualización de mapas de riesgo.
Por su parte, Paula Andrea Palacio Salazar, directora del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, resaltó que la entidad aporta cerca de $297.000 millones a esta estrategia y que la inversión en este cuatrienio duplicará la realizada en los últimos doce años. Explicó que actualmente se intervienen 17 puntos críticos del río Medellín, con avances cercanos al 45 %, al tiempo que se fortalecen procesos de resiliencia comunitaria y prevención.
Desde el DAGRD, Juan David Moreno explicó que la priorización de intervenciones se basa en monitoreo constante, inspecciones técnicas y sistemas de alerta temprana. Reconoció, sin embargo, un límite estructural pues la magnitud de la red hídrica hace imposible intervenir todas las quebradas al mismo tiempo con obras civiles, por eso, subrayó que los Sistemas de Alerta Temprana siguen siendo una herramienta clave para proteger la vida mientras avanzan las soluciones estructurales.
En el frente de infraestructura crítica, María Clara Córdoba Uribe, gerente encargada del Metro de Medellín, indicó que las acciones se concentran en los tramos del río que pueden afectar la estabilidad del sistema férreo. Allí se desarrollan monitoreos especializados, obras de estabilización, muros, enrocados y mantenimiento permanente.
Finalmente, María del Pilar Montoya Mesa, desde EPM, puso el foco en la necesidad de una gobernanza real del agua que articule instituciones, comunidad, academia y sector empresarial. Recordó que más del 92 % de las aguas residuales del Valle de Aburrá ya reciben tratamiento, un avance significativo para la recuperación del río. Advirtió que persisten retos importantes: crecimiento urbano no planificado, conexiones erradas, vertimientos informales y ocupación de cauces, factores que, en su conjunto, obligan a seguir fortaleciendo la infraestructura de saneamiento y la gestión integral de las cuencas.
















