- La propuesta busca flexibilizar los modelos de renovación urbana para facilitar la generación de vivienda.
- Nuevos instrumentos de planificación buscan responder a las diferentes realidades del territorio.
- La discusión puso sobre la mesa la necesidad de garantizar vivienda digna y proteger a los habitantes en los procesos de transformación urbana.
Medellín se encuentra ante el reto de transformar distintos sectores de su territorio sin perder de vista a quienes los habitan. En una nueva jornada de socialización del Proyecto de Acuerdo 104 de 2026, se puso sobre la mesa nuevas formas de planificar y gestionar la ciudad, con instrumentos que buscan responder a las particularidades de cada zona y modelos de renovación urbana orientados a facilitar la generación de vivienda.
La discusión también abrió espacio a las voces ciudadanas y a preguntas sobre cómo lograr que el desarrollo urbano avance de la mano con la vivienda digna, el espacio público y la permanencia de las comunidades.
Ciudadanas participantes llamaron la atención sobre la necesidad de que la revisión del POT priorice el acceso a vivienda digna, especialmente para los hogares de estratos 1, 2 y 3, y que los nuevos modelos de desarrollo no terminen privilegiando las rentas turísticas sobre el uso residencial.
También expusieron situaciones de afectación a la convivencia derivadas de subdivisiones de viviendas y rentas cortas, señalando problemas de ruido, filtraciones, consumo de sustancias y falta de respuesta efectiva de las autoridades. En este sentido, solicitaron mayor control institucional y medidas que protejan la tranquilidad, dignidad y permanencia de los residentes.
Andrés Felipe Tobón Villada, concejal y coordinador de ponentes, calificó el nuevo modelo de renovación urbana como una de las modificaciones estructurales más relevantes de la revisión del POT para destrabar la generación de vivienda en Medellín.
Señaló que el modelo adoptado en 2014, basado en planes parciales, presentó dificultades para integrar grandes unidades de actuación, como ocurrió en Naranjal, y terminó desincentivando el desarrollo de proyectos. Por ello, respaldó avanzar de un esquema obligatorio a uno basado en incentivos, diferenciando los sectores según sus condiciones de fragmentación predial y nivel de desarrollo.
Explicó que se contemplan tres niveles de aprovechamiento para las modalidades de reactivación y revitalización. El nivel básico permitiría el desarrollo predio a predio sin exigir integración; el nivel medio otorgaría mayores aprovechamientos cuando se integren predios que alcancen las áreas establecidas, y el nivel máximo permitiría acceder a la densidad tope del POT, de 518 viviendas por hectárea, en integraciones de 2.000 metros cuadrados o más que cedan suelo para espacio público y equipamientos.
Frente al riesgo de desaprovechar capacidad constructiva, propuso estudiar mecanismos como una bolsa de aprovechamientos o transferencias de derechos de edificabilidad.
Por su parte, Farley Jhaír Macías Betancur, corporado ponente, advirtió que la revisión del POT no puede concentrarse únicamente en aumentar densidades o facilitar la construcción, sino que debe garantizar responsabilidad pública, seguimiento a las obras y protección de las comunidades. Planteó que los beneficios de la renovación urbana deben estar acompañados de espacio público, equipamientos y redes, además de medidas para evitar el desplazamiento indirecto de habitantes, comerciantes y arrendatarios.
A su vez el cabildante ponente, Santiago Narváez Lombana, respaldó eliminar el carácter obligatorio de las unidades de integración del articulado y planteó que el POT debe utilizar incentivos para contribuir a reducir el déficit de vivienda y los costos inmobiliarios. Cuestionó que determinados aprovechamientos estén condicionados a una asociación obligatoria con el Isvimed, y señaló que la tramitología y las cargas urbanísticas pueden afectar la competitividad de Medellín frente a otros municipios del área metropolitana.
Por su parte, Dany Granda Jaramillo, coordinador del POT, explicó que el Plan de Ordenamiento requiere instrumentos de diferentes escalas para responder a la complejidad de Medellín, desde las Áreas de Intervención Estratégica y macroproyectos hasta polígonos específicos, planes parciales y proyectos urbanísticos.
Manifestó que la revisión busca superar barreras de la normativa vigente para facilitar la generación de vivienda y diferenciar las necesidades de la zona plana y el corredor del río frente a las condiciones del borde urbano-rural. También reconoció que la rigidez normativa ha dificultado el mejoramiento integral de estos sectores y planteó tratamientos diferenciados para el corredor del río, articulados con la gestión del riesgo.
Finalmente, Marcela Pizano, arquitecta articuladora de tratamientos urbanísticos en la revisión del POT, presentó el nuevo modelo de renovación urbana, que pasa de 48 a 49 polígonos y establece tres modalidades: redesarrollo, reactivación y revitalización. Explicó que las dos últimas permitirán gestionar procesos predio a predio sin requerir plan parcial, diferenciando los sectores según sus condiciones de infraestructura y necesidades de intervención.
El modelo contempla 30 fichas normativas en el Anexo 8 del proyecto, con las condiciones de aprovechamiento, obligaciones y mecanismos de financiación para los diferentes polígonos del corredor del río, concluyó.
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